Estoy harto. Muy harto.

Harto de aparentar ser “normal”.
De seguir lo que en teoría tengo que hacer.
De que me digan lo que me tiene que gustar, lo que debería pensar o cómo se supone que debe comportarse un abogado de 38 años.

Spoiler: no encajo. Y tampoco quiero.

Creo que muchos estamos ahí.

Somos esa generación rara.
Los últimos coletazos de los milenials… pero también algo más.

Nacimos en un mundo analógico que duró lo justo para dejarnos huella, y crecimos en mitad de una revolución tecnológica que lo cambió todo.

Pasamos de llevar un móvil ladrillo en el bolsillo (el mío, un mítico Alcatel One Touch Easy amarillo)
a vivir pegados a una pantalla.

Nos comunicábamos por MSN Messenger, con zumbidos incluidos.
Fuimos los primeros en redes sociales.
Aprendimos internet cuando todavía era un terreno salvaje.

Y ahora… se supone que tenemos que ser adultos “serios”.

También somos los que salimos de la carrera en plena crisis.
Los que tuvimos que buscarnos la vida cuando no había nada claro.
Los que aprendimos a sobrevivir antes que a “triunfar”.

Nada de caminos rectos. Nada de manual.

Después llegaron Instagram, TikTok…
y una pandemia que nos obligó a parar y replantearlo todo.

Y aquí estamos.

Sin encajar del todo con la generación anterior, que sigue buscando estabilidad en los estándares de finales del siglo XX.
Pero tampoco somos ya los nuevos, los que han nacido directamente en lo digital.

Estamos en medio.

Y desde ahí nace este proyecto.

Una especie de trinchera para todos los que estamos entre dos mundos:

Los que entendemos lo analógico pero vivimos en digital.
Los que disfrutamos en redes sociales sin complejos.
Los que seguimos jugando a videojuegos como si tuviéramos 16 años.
Los que sentimos curiosidad —y pasión— por la tecnología.

Y también, para los que sabemos que todo ese mundo digital tiene reglas, riesgos y consecuencias legales que casi nadie explica bien.

Porque la tecnología avanza rápido.
Pero lo legal… no siempre la sigue al mismo ritmo.

Esto no es solo un blog.

Es una forma de mirar el mundo.

Voy a hablar de tecnología, de lo que nos rodea y de los problemas del día a día.
Pero también de cómo todo eso encaja (o no) con el derecho.

De lo que puedes hacer…
y de lo que deberías saber antes de hacerlo.

Quiero analizar el mundo sin filtros.
Explicar lo complejo de forma sencilla.
Y decir cosas que, probablemente, muchos piensan pero pocos dicen.

Sin postureo.
Sin humo.
Sin miedo.

He elegido el formato blog por una razón muy concreta.

Tiene algo retro.
Pero también algo atemporal.

Como nosotros.

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