Tecnología con calzador.

Mi suegro no quiere internet.

Y sinceramente, viendo cómo funciona todo, probablemente sea el más inteligente de la familia.

No necesita aplicaciones.

No quiere nube.

No quiere actualizar nada.

Su teléfono sirve para llamar.

Concepto revolucionario en 2026.

Pero el sistema ha decidido otra cosa.

Ahora para cualquier gestión necesitas:

clave
doble clave
certificado
app
SMS
y probablemente sacrificar una cabra delante de una sede electrónica diseñada por alguien que claramente odia a los seres humanos.

La factura ya no llega en papel.

El banco ya no tiene personas.

Y cuando consigues hablar con alguien…

parece molestarle profundamente que existas.

 “Es muy sencillo.”

Sí, claro.

Para alguien que nació prácticamente con un iPad pegado a la mano.

Hemos construido un mundo donde no entender tecnología parece un defecto moral.

No sabes descargarte un certificado.

Eres un inútil.

No entiendes una videollamada.

Eres un dinosaurio.

No consigues hacer un trámite online.

Prácticamente un enemigo del progreso.

Y mientras tanto, empresas y administraciones siguen digitalizando todo con la misma estrategia brillante:

“ya aprenderán.”

Spoiler:

muchos no lo harán.

Porque no todo el mundo quiere vivir conectado a quince aplicaciones absurdas para hacer algo que antes resolvías hablando con una persona durante tres minutos.

Nos venden esto como progreso universal.

Pero muchas veces solo es adaptación forzada.

No estamos construyendo tecnología para todos.

Estamos construyendo tecnología para quien ya sabe usarla.

Y el resto…

que se adapte.

O que se quede atrás.

Deja un comentario